La última vez que el Milan ganó un scudetto, Silvio Berlusconi presidía el club. Fue la única alegría que tuvo aquel año. El dueño de Mediaset acababa de ser desalojado de la presidencia del Consejo de Ministros. La crisis y una prima de riesgo en 574 puntos, su máximo histórico, zarandeaban sin compasión al país y al Cavaliere. Pero también a un club que lo había sido todo en Europa y que se adentraría en una ciénaga de 11 años sin apenas títulos, muchas deudas y extraños cambios de manos en el accionariado. El domingo en Reggio Emilia (0-3), sin embargo, los rossoneri, un equipo joven liderado en la caseta por Stefano Pioli y en el campo por un veterano Zlatan Ibrahimovic (40 años), un extraordinario deportista que quizá disputó el último partido de su carrera, vengaron el honor de aquella máquina de destrozar rivales que había sido el club años atrás. El Milan, propiedad hoy de un fondo de inversión estadounidense, levantó así su 19º scudetto, empatando con el Inter en número de ligas.

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