El cielo grisáceo de París y la llovizna que preceden al estreno no presagian nada bueno. Tampoco lo hace el desarrollo del partido, un encadenamiento que esta temporada se ha repetido con demasiada frecuencia y que casi siempre ha tenido un mal desenlace. De entrada, Garbiñe Muguruza encaja siete puntos seguidos, pero luego reacciona adueñándose (aparentemente) del juego. Sin embargo, todo empieza a deteriorarse. Desaparece el control, mide mal en un globo, deja pasar la bola y la indecisión aviva a Kaia Kanepi, una veterana de 36 años que a estas alturas no perdona. Llega entonces el break, la cara de angustia, el nerviosismo. El raquetazo a la arcilla. Otro adiós. El 6-2 y 3-1 a su favor se invierte y deriva en el definitivo 2-6, 6-3 y 6-4 (2h 06m).

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