Un probo delantero de la segunda división japonesa decidió un intenso duelo para Australia, que venció a Túnez y se coloca en condiciones de optar a los octavos de final con una selección que atesora un talento muy inferior a las de pasadas citas mundialistas. Guarda, eso sí, la esencia del deporte australiano, el alma y la competitividad extrema que ayuda extraer las mejores condiciones de todos sus peones y, si es necesario, algo más. Por eso Mitchell Duke, un veterano delantero del Fagiamo Okayama que a lo largo de su carrera promedia un gol cada cinco partidos pareció Lewandowski o Benzema. El hombre jugó poco más de una hora, pero mejoró cada balón que le llegó, fue esencial en la presión que desnortó a Túnez, bajó al piso todo tipo de pelotazos, los descargó y los remató, se llevó incluso la marca del taco de la bota de un rival al que fue a encimar. Y marcó un gol de bandera, el único de un partido tan intenso como su despliegue.

