Bukayo Saka terminó la última Eurocopa abrazado por Gareth Southgate sobre la hierba del estadio de Wembley. Desde ese instante, el futbolista y el seleccionador de Inglaterra eran las dos únicas personas del planeta que compartían un destino funesto. Saka, que aquella noche tenía solo 19 años, acababa de fallar el penalti decisivo de la final de la Eurocopa contra Italia. A los 25, Southgate había enviado el suyo al palo en la semifinal contra Alemania en 1996, también en Wembley. Él no tuvo una segunda oportunidad en un gran torneo como la que le ha dado a Saka. Y a los 43 minutos, el atacante del Arsenal ya le había marcado a Irán el primero de sus dos goles de la tarde.

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