La carcasa calada con motivos árabes que envolvía el estadio Al Thumama encerraba en su interior los silencios propios de las hinchadas artificiales que se estilan en este Mundial. Españoles no había muchos y los ruidosos costarricenses situados en uno de los fondos tuvieron poco tiempo para mostrar entusiasmo. La selección de Luis Enrique se encargó de quebrar esos silencios con siete goles y una pasarela de detalles y gestos técnicos que rompían en murmullos de admiración.

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