En el minuto 10.37 de partido había ocho jugadores de Costa Rica entre España y el gol. En el minuto 10.45 quedaban cinco y asustados. Lo que pasó en esos segundos fue un trueno. Marco Asensio pisó el balón de espaldas a la portería en una zona sensible, los barrios residenciales del campo, esas tierras que no están cerca ni lejos, lugares en los que aún se merienda a media tarde hasta que un día, del otro lado de la carretera, un ladrillo revienta una ventana. En fútbol ha triunfado la expresión ‘tres cuartos’; en realidad, esa zona es la zona en la que ocurre todo, donde un equipo sabe si está defendiendo bien y el otro sabe si está moviendo la pelota por moverla, como mueven los ricos el dinero sin saber por qué, o hay un objetivo criminal entre manos. ¿Cómo se sabe lo segundo? Cuando la pelota no se controla: cuando la pelota se mueve a un toque. Por eso, cuando Asensio la pisó de espaldas a Costa Rica nada hacía prever el vértigo.

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