La altura, la sensación de soledad y las panorámicas han hecho de la montaña un entorno adictivo. Desde siempre. Incluso la mitología se ha rendido a su embrujo. Muchas cumbres han sido consideradas moradas de dioses o demonios a lo largo de los años. En el Himalaya, por ejemplo, se erigen el Annapurna (“diosa de las cosechas”, en sánscrito) y el Manaslu (“montaña de los espíritus”). El buen tiempo, las ganas de salir de la rutina y una afición creciente en el deporte al aire libre, han disparado la adicción. La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) cerró el año 2021 con un récord histórico de licencias, más de 273.000 (aún con otros picos, los de pandemia). Además, representa la segunda federación nacional en cuanto al número de mujeres asociadas, cerca de 90.000. En este deporte, el ambiente, la solidaridad y la belleza se funden y lo hacen atractivo para pasar el día con la única preocupación del disfrute.

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