“Estos baldazos de agua fría, mejor recibirlos ahora”, se resigna un periodista en la señal de noticias TN, dándose ánimos. “Antes había un gol y lo festejabas. Ahora tenés que esperar y pensar dos o tres veces antes de festejar”, responde otro, muy enojado ante la nueva dictadura del VAR, que le costó a Argentina la anulación de tres goles en el primer tiempo. Hablan todos juntos, sin escucharse. El desconcierto era mayúsculo en la televisión, mientras Buenos Aires se apagaba antes de despuntar el día. Los argentinos se sentaron frente a un televisor a las 7.00 de la mañana, convencidos de que les esperaba el primer capítulo de una gran fiesta. Unos cuantos miles incluso salieron de casa para ver el partido en algunas de las pantallas gigantes que los municipios colocaron en las plazas más emblemáticas. Los niños no fueron a la escuela, autorizados a entrar más tarde. Argentina ha perdido 2-1 en su debut qatarí contra Arabia Saudí. Resta ahora todo un martes de trabajo por delante, con el ánimo por los suelos.

