Las tensiones que presiden el Mundial no afectaron al despliegue de Inglaterra, ni redujeron el impacto de su capitán, Harry Kane, que no lució el brazalete arcoíris One Love, pero dio una lección de inteligencia y clase en la goleada a Irán. En un partido donde la beligerancia con la FIFA por el asunto del brazalete podía distraer a los jugadores ingleses, el rendimiento del equipo fue impecable.

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