Bobby <strong>Fischer </strong>(1943-2008) no hubiera dicho no a una campaña de<strong> Louis Vuitton,</strong> la marca de lujo más valiosa del mundo, perteneciente al grupo LVMH, valorado en bolsa en casi 350.000 millones de euros. Sus baúles y maletas de más que primerísima calidad hubieran sido un preciado bien para el campeón estadounidense en tiempos en que los que sus numerosos trajes y el conocimiento del ajedrez -los<strong> casi infinitos libros de aperturas</strong>, hoy en día sustituidos por un <strong>ordenador </strong>portátil con algunos gigas de memoria-, viajaban en <strong>equipajes </strong>en los que el mozo de estación era realmente un porteador con alma de sherpa más que una figura literaria.

