Resulta complicado entender cómo un país de más de 126 millones de habitantes no logra dar una en el fútbol. México tiene una relación asimétrica con este deporte porque pese a que es un éxito en audiencias y de negocio no ha logrado colarse a la lista de la élite. Sus mejores participaciones ocurrieron en los Mundiales de 1970 y 1986, ambos en casa, cuando jugaron los cuartos de final. Desde ahí se ha quedado en los últimos siete torneos en la ronda de los octavos de final. Para los dirigentes mexicanos, la máxima aspiración es que el Tri se cuele entre los mejores ocho del mundo, pero de ganar el Mundial no se habla salvo en los anuncios publicitarios. En Qatar la duda está en si podrán pasar de grupos.

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