Cuando la ceremonia de apertura se acabó y las cámaras dejaron de enfocar por un rato al palco y sus políticos, el primer hombre de fútbol que reclamó su sitio en el desierto de Qatar fue el ecuatoriano Enner Valencia, que liquidó a la pobrísima anfitriona con dos goles en media hora (más otro anulado). Buen representante de esos jugadores del montón en la élite que encuentran el cielo con su selección, el delantero de 33 años y 16 días vivió la noche de su vida.

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