Cuando Jamal Musiala recibe un balón suele dar la impresión de estar desequilibrado. A punto de trastabillarse. Los académicos puristas que abarrotan las escuelas de fútbol de campos de moqueta acusan a estos muchachos de no saber perfilarse. Musiala destroza los manuales. No los necesita. Mucho debieron sospechar de su estampa desordenada cuando en 2019 el Chelsea le permitió que dejara la cantera para marchar al Bayern. Ahora que cumplió 19 este flaco engañoso no solo se ha transformado en un maestro en el arte de resolver problemas con el primer toque. Se ha convertido en el jugador más prometedor de Alemania. La gran esperanza de que la selección más laureada de Europa no caiga en la vulgaridad.

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