“No he recibido ningún don divino. No soy el mejor tirador ni el mejor manejador de balón. Tampoco soy el más rápido o el más fuerte. Pero lucho. Juego tan duro como el que más y nunca me echo atrás. No me asusta nada ni nadie. Si crees que eso puede ser un talento, ese es el mío”. Aquellas palabras de Jimmy Butler eran música para los oídos de Pat Riley, presidente de los Miami Heat desde 1995.

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