Mucha fuerza debe tener el fútbol si “Los entresijos de la FIFA” (Netflix) no nos quitan las ganas de ver un partido. Sabemos que la corrupción está en el origen del Mundial de Qatar. El Lobby entró en la FIFA y encontró gente sensible al dólar, así de simple. El resultado es un Mundial en noviembre/diciembre, en una ciudad antes que en un país y bajo el imperio de una riquísima monarquía autárquica. Occidente condena a Qatar sin fisuras por no respetar los derechos de la comunidad LGTBI, por considerar inferiores a las mujeres o por las terribles condiciones de trabajo de los obreros que construyeron los estadios. Pero veámoslo así: un Mundial es una invasión pacífica que permite, entre otras cosas, denunciar y abrir el apetito de las libertades en países donde están restringidas. Quedará por ver si el tiempo es capaz de hacer su trabajo cultural. Quizás sea una ingenuidad, pero es mi coartada para que, al menos, no nos roben la posibilidad de disfrutar del fútbol.

