“Que los gritos de gol no tapen el grito de dolor de los torturados”, repetía cada media hora la radio Renascensa de Lisboa, donde viví mi exilio. Corría el 1978 y la dictadura militar argentina para contrarrestar las denuncias internacionales por la violación de los derechos humanos y ahogar con las euforias futboleras los llantos y gemidos de los torturados, organizó el campeonato mundial de fútbol. Una costosísima estrategia de propaganda bajo la consigna “los argentinos somos derechos y humanos”, el perverso lema surgido de la creatividad de algún publicista dispuesto a vender su ingenio por plata o por miedo. Ahora que el tiempo reconstruye la memoria histórica sabemos por los peruanos que se compró el partido contra Perú para convertir al país anfitrión en el campeón del mundo.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *