Me cuesta trabajo animarme a adelantar el fracaso de la selección mexicana, primero porque me enseñaron que en este oficio es más aceptable un mal relato que un buen augurio. Pero también porque, a la hora buena, el Tri suele encontrar el camino a los octavos de final: México tiene siete Copas Mundiales en fila en las que supera la ronda de grupos.

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