El gol de Macedonia en el minuto 92 sonó como un crujido muy seco de norte a sur del país. Aleksandar Trajkovski, un extremo izquierdo que entonces jugaba en la liga Saudí, armó un tiro desde fuera del área que pilló a toda Italia a contrapié, como una de esas catástrofes naturales sin explicación. Una descomunal grieta en la historia del fútbol nacional que, indirectamente, pagaría toda una generación. Era la segunda vez consecutiva que la Nazionale se estrellaba en la fase de clasificación para un Mundial. Un récord absoluto que dejaría sin ver una Copa del Mundo a los italianos durante 12 años. Nadie podía imaginar que toda una tetracampeona mundial y, sobre todo, el equipo que había levantado la última Eurocopa con un juego total, alegre y efectivo caería con la pobre Macedonia del Norte en casa y se perdería otra vez uno no de los pocos eventos -sin contar el Festival de Sanremo, claro- que logra unir las costuras de un país casi siempre inmerso en alguna disputa interna.

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