Ni optimismo, ni esa negatividad que parece rodear a todo lo relacionado con el futuro de Mbappé. El paréntesis sigue abierto a la espera de que sea el propio jugador el que lo cierre. La decisión es suya y esa es la gran diferencia respecto a lo sucedido en 2017, cuando los padres fueron los que empujaron al entonces poco más que un juvenil, a firmar por el PSG ante el miedo a lo desconocido y a la dura competencia que iba a tener por delante.

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