Nadie podía pensar que Daniel Ricciardo se quedaría tan pronto sin un hueco en la parrilla de la Fórmula 1 ni tampoco que el tramo final de esta su última temporada se le haría tan largo al piloto australiano, que este domingo, en Brasil, sumó otro abandono, el 14º del curso. En este caso, a Ricciardo le entraron las prisas en la primera vuelta y cuando circulaba embotellado entre el pelotón, un escenario tipo que normalmente termina exactamente cómo lo hizo en Interlagos: con los coches involucrados en la cuneta. El sutil toquecito que le dio con el alerón delantero de su monoplaza al trasero del Haas de Kevin Magnussen fue suficiente para que el danés hiciera un trompo y se lo llevara puesto.

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