El futuro siempre es flamante. No quiero quitarle valor a la nostalgia, porque en ella reside parte importante de la identidad, que es desde donde el juego se nutre de sus emociones más grandes. Pero el fútbol es una cosa que siempre está ahí adelante, donde habitan las expectativas y las ilusiones. Hemos llegado al momento en que la Liga quedará aparcada durante más de un mes para no molestar al Mundial, el campeonato que cada cuatro años sacude los cimientos sociológicos de este fenómeno inagotable llamado fútbol. La industria, la publicidad, los corazones, todo está preparado para el que será, una vez más, el acontecimiento más visto en la historia de la humanidad. El Mundial es una culminación, algo tan esperado que parece un final de camino. Pero después de los sorteos europeos de esta semana ha ocurrido algo que nos habla del poder del tiempo en el fútbol. De pronto, nos encontramos deseando que se acabe el Mundial para que nos deje disfrutar del Madrid-Liverpool, del Bayern-PSG, del Barcelona-United.

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