No hay mejor convocatoria mundialista que la de cada cual. Por ejemplo la de más de 40 millones de españoles, sin descontar a los iletrados futboleros. Ocurre que según el ilustrado Perogrullo la única lista convalidada es la del seleccionador de turno. La de Luis Enrique, pongamos por caso. El resto estamos para la cháchara. Entre otras cosas porque el técnico tiene más parámetros de medida, información confidencial que no se comparte con la clientela. El fútbol es el único espectáculo al que se acude sin saber quiénes serán los actores. La plantilla elegida por Luis Enrique es también subjetiva. No tanto como la suya o la mía, pero lo es. Los técnicos, por androides o chulapos que parezcan algunos, tienen fobias y filias.

