Los campeones nacionales conciliaron un partido tan jubiloso como afeitado. Real Madrid y Betis, próximos contendientes en la Supercopa asiática de España, se rindieron honores en el prólogo y apenas se cruzaron alguna faltita. Nadie metió la pata con una final de la Copa de Europa a la vista y ambos brindaron el empate. Más que puntos había otros asuntos en juego. El público madridista llevó a hombros a Marcelo, jugador bandera tras 16 temporadas en el club en el que cumplió con creces con una misión fabulosa: estar a la altura de Roberto Carlos. Casi nada. Y en un partido dichoso qué mejor que otro homenaje popular, ni más ni menos que a Joaquín. El brasileño está de salida, el andaluz se perpetuará una estación más. Mientras, guiños del fútbol, nada mejor que condecorar en un partido feliz a dos futbolistas tan felices y que tanta felicidad han procurado como Marcelo y Joaquín. También se intuye la partida de Isco, con carrete en el segundo acto. Y la de Bale, pero como el galés hace tiempo que no dice ni hola tampoco estuvo para decir adiós. A su manera.

