“¡Sarunas Jasikevicius!”, gritó el speaker del Menora Miytachim Arena antes de dar paso a la presentación de los jugadores del Maccabi Tel Aviv. Y el estadio al completo le dedicó una sonora y agradecida ovación, pues el ahora entrenador del Barcelona defendió la camiseta israelí (2004 y 2005) para proclamarse por dos años consecutivos campeón de la Euroliga. Pero ese fue el único caramelo de la hinchada, tan caliente como preparada para el desgañite, una olla a presión que buena factura le había pasado al Barça en sus últimas cinco visitas. Un gafe que, sin embargo, discutió y batió Laprovittola, espléndido desde el perímetro, muñeca de oro que aúpa al equipo a las primeras posiciones en la Euroliga.

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