El partido de fútbol perfecto, decía la filosofía italiana, es el que termina 0-0. Johan Cruyff, y la afición, que la gozaba, demostró su falacia cuando propuso, y llevó a la práctica, que esa perfección conducía a la nada, que la perfección era en todo caso la sencillez, que en fútbol se trataba de meter un gol más que el rival, y si eso conducía a ganar por 5-4, mejor que por 1-0. El profeta del fútbol total fue hace 40 años el dios personal de Juan Carlos Pastor, portero y entrenador de balonmano, que desde niño se propuso construir en su deporte lo que Cruyff había hecho en el fútbol, y emprendió el camino hacia el balonmano total. Y siempre siguió su doctrina, la clave ideológica del fútbol total: “Jugar bien y no ganar no tiene sentido; ganar sin filosofía de juego tampoco lo tiene”

