Se paseaba por el garaje con una estridente peluca roja el gran artífice del retorno de Ducati a la gloria. Gigi Dall’Igna ha culminado la revolución tecnológica que él mismo impulsó en MotoGP a partir de su nombramiento como director general del programa de carreras de la fábrica italiana en 2013. Puso orden desde entonces a un equipo que no daba con la tecla definitiva y se alejó de la filosofía predominante de la época: que el motor corra y el resto ya veremos. Hacía 15 años, desde aquel éxito aislado de Casey Stoner, que un piloto no vencía el campeonato del mundo con la fábrica de Borgo Panigale, máximo exponente del empuje europeo en los últimos años y ahora recipiente de la triple corona. El estallido de alegría tras la consecución del título en el GP de Valencia fue de traca.

