Si existiera un diccionario del fútbol moderno, al lado del “falso nueve” o del “analista táctico” debería figurar también el “hooligan ilustrado”. “Dícese del hincha capaz de sublimar su desaforada pasión por un equipo en un relato literario”, se leería en un manual imaginario junto a la foto de Emilio Sánchez Mediavilla, editor de Libros del KO. Él fue quien descubrió la especie que lleva el nombre de una colección de libros surgida en 2012 con un propósito inédito: contar a partir de un relato personal de fidelidad a unos colores todo lo que cabe en la vida –el amor, la amistad, la fe, la infancia–. 10 años y una treintena de títulos después, los hooligans ilustrados son ya, como la ruleta de Zidane o la elástica de Ronaldinho, patrimonio de un deporte al que han aportado otra mirada, más elevada, donde las memorias de la afición dan significado a las implicaciones sociales, culturales, políticas, incluso éticas o morales, de sentirse parte de un club.

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