La historia puede explicarse con un relato y el estribillo de una canción. El primero es el Marciano en Roma, de Ennio Flaiano, escritor y legendario guionista de Fellini. Un extraterrestre aterriza en la capital italiana, en plena Villa Borghese, y deja ahí su nave espacial. Los romanos alucinan, es una maravilla, todos le abren paso. El Papa lo convoca en el Vaticano para una audiencia privada. También el presidente de la República, que manda traerle al Palacio del Quirinal con honores de jefe de estado. Por la calle todo el mundo quiere saludarle, fotografiarle. Pasadas dos semanas, a nadie le importa ya un bledo el pobre marciano, a quien ya ni siquiera ceden el turno en la cafetería para pedir su espresso. Kunt, así se llamaba el alienígena, se resigna al olvido y enfila la via Veneto hasta los jardines de la Villa Borghese, donde enciende el reactor de su nave para regresar a Marte.

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