Hacía mucho tiempo que el sorteo del cuadro de un grande no suscitaba tanta expectación como el de este Roland Garros que comenzará sin escatimar, a lo grande, con una cantidad ingente de dinamita sobre la pista. Se presuponía que a Rafael Nadal, ausente el curso pasado y hoy día sin el halo de protección que le concedía en otras épocas el ranking, podía tocarle un hueso a las primeras de cambio porque la realidad no ofrecía escapatoria para esa primera ronda; sin embargo, no solo no hubo suerte para él, sino que el sorteo deparó uno de los escenarios más ásperos que podía configurar, al menos sobre el papel. De entrada, el tenista español, que el 3 de junio cumplirá 38 años y afronta la recta final de su carrera tras 23 temporadas en la élite profesional, se topará con el alemán Alexander Zverev, uno de los jugadores más en forma del circuito y reciente campeón en Roma.

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